Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
FRANCISCO DE QUEVEDO
Al mirar el rostro de un esqueleto, un arqueólogo no puede evitar pensar que está observando a alquien que conocía las respuestas a muchas, si no todas, de las preguntas que él se está planteando. Por mi parte, sé que aunque esos huesos pertenecieron a un sujeto cuya cultura le hizo superficialmente distinto a mí, también sé que se estremecía con un viento frío, se aturdía con una copa de licor y, por la noche, los brazos de alguna mujer hacía que el ayer y el mañana carecieran de importancia. En éstas, y en casi todas las emociones humanas, somos iguales. Nuestras manos se tocan, pero el silencio de la eternidad nos separa.
IVOR NOËL HAME

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