Bueno, querida, un poco tarde, pero al fin tus padres te han expulsado de su dormitorio. Todos estamos muy orgullosos de ti, ya llevas tres días durmiendo sola y pienso que eres más valiente de lo que pensabamos. Te levantaste a las tres porque tenías sed, a las cuatro porque te picaba la mano (parece que tienes una rozadura de la piedra de la piscina), y a las cinco fue tu madre la que se levantó, extrañada de que no ibas a visitarla. Estabas jugando con tus muñecas, te apagó la luz y te mandó seguir durmiendo. Es extraño, pero no protestaste. Yo creo que te puede el orgullo, esa enfermedad crónica en las mujeres de nuestra familia y que tenía la esperanza de que tú no hubieras heredado. Siento mucho que estés sufriendo tanto, mi querida Lucía, pero ya mismo pasa, no lo digo yo, que ya sabes que carezco del don de la paciencia, lo dijo aquella señora tan simpática, Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa.
7 de agosto de 2007
Bueno, querida, un poco tarde, pero al fin tus padres te han expulsado de su dormitorio. Todos estamos muy orgullosos de ti, ya llevas tres días durmiendo sola y pienso que eres más valiente de lo que pensabamos. Te levantaste a las tres porque tenías sed, a las cuatro porque te picaba la mano (parece que tienes una rozadura de la piedra de la piscina), y a las cinco fue tu madre la que se levantó, extrañada de que no ibas a visitarla. Estabas jugando con tus muñecas, te apagó la luz y te mandó seguir durmiendo. Es extraño, pero no protestaste. Yo creo que te puede el orgullo, esa enfermedad crónica en las mujeres de nuestra familia y que tenía la esperanza de que tú no hubieras heredado. Siento mucho que estés sufriendo tanto, mi querida Lucía, pero ya mismo pasa, no lo digo yo, que ya sabes que carezco del don de la paciencia, lo dijo aquella señora tan simpática, Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
