1 de julio de 2007

Querida Lucía,

El otro día viste los primeros quince minutos de la película E.T.

Resultado: a la numerosa legión de monstruos, brujas, fantasmas y malos que ya vienen cada noche a molestarte a la hora de dormir y que mantienes a raya gracias al poder disuasorio de tus padres, de ahí la necesidad de colarse en su cama todas las noches(lo que es la inocencia, si los conocieras como yo terminarías de aterrorizarte) y de la luz de la mesilla de noche (que no sé yo si a los monstruos, brujas, fantasmas y malos en general les molesta la luz para atacar a las niñas a punto de dormirse, que yo sepa eso sólo le molesta a Drácula, pero para alivio de todos aún no has conocido al siniestro conde, lo cual es en parte una pena, porque ese miedo lo encuentro más digno, ya sabes que yo tuve una experiencia pavorosa con un vampiro, y como de todos modos miedo tienes, ya podías engrosar la lista con algo más serio), pues a la numerosa legión, como te decía, ha venido a sumarse E.T. Ahora preguntas a todas horas que por qué habla así, que por qué tiene ese dedo así y con eso que se enciende ahí, que por qué mira con esos ojos así, que por qué anda así, y terminas por echarte a llorar porque te da mucho miedo. He tenido la delicadeza de buscarte una foto en la que no se ve su largo y terrorífico dedo.

En fin, querida, tan miedosa nos has salido que en tu vocabulario no figura todavía la palabra 'sueño', para ti todo son pesadillas. El sábado me preguntaste si quería escuchar la pesadilla que habías tenido esa noche, y entonces me contaste que la abuela y tú fuisteis a coger flores para regalarmelas. Te contesté que eso no era una pesadilla, que se trataba de un sueño, pero no logré convencerte porque argumentabas una y otra vez que es que estabas dormida.