Querida Lucía,
Hay dos adverbios de lugar, Aquende y Allende, que me presionan para escribir. Yo sigo estancada en el pretérito imperfecto de subjuntivo, que me invita a la duda o la posibilidad remota, remotísima, enfatiza el superlativo. Día y noche me persigue una yuxtaposición de sustantivos: atrevimiento, audacia, resolución, esto es, dice la conjunción, osadía, corsaria, osadía. Sin embargo, contradice la adversativa aliada con el imperativo, déjala en paz, se pasa el día midiendo, añade un gerundio. Escribir, escribir, escribir, martillea un infinitivo, no escribes nada, ya salió la negación, a ver, ¿no más nada es algo?, ¿es todo?, ¿sigue siendo nada?, atacan las interrogativas, ay, no sé, contesto, lo consultaré con la almohada, sale al paso una socorrida locución. ¡No, nada de almohadas!, ¡que se duerme!, ¡ya van más de cuarenta días!, replica un numeral escandalizado. Estoy vaga, ¿qué pasa?, me defiendo. ¡”Estoy vaga”!, ¡cómo usa la aseveración!, ¡increíble!, ¡que le corten la cabeza!, arremeten las exclamativas. ¡Silencio!, ¡eh!, ¡tú!, ¡la última!, a ti te conozco, tú eres de Lewis Carroll, vuelve a tu texto, y el resto, al manual de sintaxis de donde hayáis salido, ¡estaba intentando escribirle a Lucía!.
Lucía, querida, ya las estás viendo, mientras estén tan rebeladas no podré escribirte.
Hay dos adverbios de lugar, Aquende y Allende, que me presionan para escribir. Yo sigo estancada en el pretérito imperfecto de subjuntivo, que me invita a la duda o la posibilidad remota, remotísima, enfatiza el superlativo. Día y noche me persigue una yuxtaposición de sustantivos: atrevimiento, audacia, resolución, esto es, dice la conjunción, osadía, corsaria, osadía. Sin embargo, contradice la adversativa aliada con el imperativo, déjala en paz, se pasa el día midiendo, añade un gerundio. Escribir, escribir, escribir, martillea un infinitivo, no escribes nada, ya salió la negación, a ver, ¿no más nada es algo?, ¿es todo?, ¿sigue siendo nada?, atacan las interrogativas, ay, no sé, contesto, lo consultaré con la almohada, sale al paso una socorrida locución. ¡No, nada de almohadas!, ¡que se duerme!, ¡ya van más de cuarenta días!, replica un numeral escandalizado. Estoy vaga, ¿qué pasa?, me defiendo. ¡”Estoy vaga”!, ¡cómo usa la aseveración!, ¡increíble!, ¡que le corten la cabeza!, arremeten las exclamativas. ¡Silencio!, ¡eh!, ¡tú!, ¡la última!, a ti te conozco, tú eres de Lewis Carroll, vuelve a tu texto, y el resto, al manual de sintaxis de donde hayáis salido, ¡estaba intentando escribirle a Lucía!.
Lucía, querida, ya las estás viendo, mientras estén tan rebeladas no podré escribirte.


9 comentarios:
Joer, me duele la cabeza.
Creo que fue Quevedo quien compuso un soneto, divino por cierto, cuyo contenido versaba sobre la dificultad de componer un soneto.
Saludos
Pobre Lucía. Sólo por ella dejaré de presionarte (y mira que con esto me necen ganas de hacerlo).
Corrijo: 'Me nacen' no 'me necen'
Buen manejo del lenguaje, a pesar de tanto bloqueo. Saludos.
¡Bieeeeeeeeeen! ¡Bien, coño, bien!
Vuelvo al secundario, tengo de nuevo 14 años. Ana es mi profesora de lengua y literatura... Dejà vú
Salutes
Gracias a todos!
Hola a todos:
Ana asi me gusta que te pongas a escribir aunque sea para decir que estas bloqueada para escribir. Muy buen articulo a pesar del bloqueo. Ahora tienes otro mes y medio mas para volver a escribir algo;)
Saludos a todos.
Brutal.
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