19 de junio de 2005

La Réplica


No era el deseo, sin embargo, lo que sacudía el cuerpo de Ático como si de la gelatina verde que le hace su madre se tratara, sino la gripe. Alarmado don Quinto B por las sacudidas del muchacho, volvió a romper el tenso y expectante silencio del portal gritándoles a Primero C y Segundo A que bajaran mantas y paracetamol. Pelirroja Cuarto A, arrebatada por el brillo que la fiebre producía en la no menos arrebatada mirada de Ático, se preguntaba por qué habría desairado tantas veces al chaval, y, si pudo dominar un impulso inminente que le estaba naciendo, sólo Dios sabría de dónde, de arrojarse en los brazos del estudiante, fue porque las inquisidoras miradas de doñas Primero B y Quintos C y D la devolvieron a la realidad. Decidió comunicar tan vehementes sentimientos a sus compañeras de piso:

-Tías, me gusta el Matías, tías.
- ¿El Matías, tía?, qué fuerte, tía.
-Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte, tía.
-Fuerte no, tías, megafuerte. ¿Qué hago, tías?
-Tía...
-Uf, tía...
-Ya, tías pero me acabo de dar cuenta de que me gusta el Matías, tías. De verdad, qué fuerte soy, tías.

Por fin se distinguió en la escalera un tenue haz de luz, era la linterna del casco de bombero de don Primero C que, con una bolsa de Mercadona en una mano y la hamaca de doña Primero B en la otra, encabezaba la exitosa expedición de recate, lo seguía doña Quinto A, con cara de espanto, el pelo revuelto y vestida con un sugerente picardía rojo, bajaba en tercer lugar don Quinto A, igualmente despeinado, espantado y descalzo, y vistiendo un no menos sugerente salto de cama en tonos pastel, lo primero que a tientas encontró el infeliz cuando los miembros de la expedición aporrearon la puerta de su piso. Cerraba la marcha don Segundo A, con su mochila del Cuerpo de Recate de la Guardia Civil a la espalda y un par de linternas en ambas manos. Todos fueron recibidos con vítores y enloquecidos aplausos en el portal.

-Mis estimados vecinos, silencio, por favor. -dijo visiblemente emocionado don Quinto B- Ahora sí estamos todos, y con esta alegría de encontrarnos todos juntos y a salvo en tan dramática noche, trasladémonos a la Sala de Juntas. Lo primero será acomodar a los enfermos: pongo en conocimiento de todos que el joven Matías presenta un cuadro de malestar general y fiebre alta, por lo que ruego a doña Elena que en su calidad de enfermera tenga a bien atenderlo, así como a doña Encarnita, cuya hinchazón de tobillos no podemos seguir ignorando. Asimismo, ruego a nuestros inestimables héroes, don Rafa y don Antonio, sigan poniendo a nuestro servicio sus amplios conocimientos en lo que a materias de supervivencia se refiere, seguro estoy de que serán capaces de improvisar en la Sala de Juntas un campamento como Dios manda, y en el que nuestras necesidades básicas quedarán cubiertas. Y ahora, mis queridos vecinos, todos a la Sala de Juntas.

Ya en la Sala de Juntas, doña Tercero C, don Primero C y don Segundo A se entregaron a una actividad frenética, encendieron velas y un camping gas, pusieron a joven Ático sobre la mesa de la sala a modo de camilla y lo taparon con una manta térmica del Cuerpo de Rescate de la Guardia Civil. “Tía, parece un pollo asado envuelto en papel albal” , dijo una de las chicas Cuarto A a pelirroja Cuarto A, que se preguntó si sería por eso por lo que babeaba al mirarlo, tía. A doña Sonotone Primero C le facilitaron su hamaca, un taburete y tres cojines para que pudiera poner las piernas en alto.

-¡Encarnita!, ¡regula el sonotone, Encarnita!, ¡que se está acoplando! –gritó a su hermana doña Primero B- Bueno, a ver si Encarnita termina de regular el trasto ese, hala, un rosario para cada una, que empezamos, recemos con devoción a nuestra Santísima Madre para que no haya otro terremoto, que el Señor nos ampare y nos escuche. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
-Amén –contestaron Sonotone Primero B y Quintos C y D.
-Dios mío, ven en mi auxilio –dijo Primero B.
-Señor, date prisa en socorrerme –contestaron Sonotone Primero B y Quintos C y d.
-Gloria al Padre... –dijo Primero B.
-Como era en el principio... –contestaron Sonotone Primero B y Quintos C y D .
-Primer misterio, El bautismo de Jesús en el río Jordán... Padre nuestro que estás en el cielo... –dijo Primero B.
-...santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino... –contestaron Sonotone Primero B y Quintos C y D.

Don Tercero C se aflojó el nudo de la corbata previendo que la noche iba a ser larga, y se dijo que si por lo menos doña Tercero D no estuviera tan atareada con joven Ático y viniera a charlar un rato a su lado no le estarían dando ganas de sumergir las cabezas de las ancianas en aguas del Jordán.

-...Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Por favor, don Ernesto, salga a fumar al jardín que Encarnita está muy delicada de los bronquios. Segundo Misterio, Jesús y María en las bodas de Caná... Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora... Dios te salve, María, llena eres de gracia...
-El Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres...
-Vecinos- comenzó a sugerir don Quinto D- hablando de vino, me voy a dar un salto a mi bar a por material para prepararnos unos cacharritos y algo para picotear, ya ajustaré cuentas con don Eusebio, que digo yo que la Comunidad tendrá alguna partida reservada para imprevistos, que vaya cenizo si no, con el Matías ahí subido y las velitas y los rezos, que parece que lo estamos velando.
-Guay, tías, botellón- contestó entusiasmada una de las chicas Cuarto A.

Don Quinto B y don Cuarto C se ofrecieron a acompañarlo en lo que don Quinto B calificó como “conveniente incursión en busca del siempre necesario aprovisionamiento de víveres de cuya cuenta por supuesto responderá la Comunidad”. Pero no sólo de pan vive el hombre, había dicho don Quinto D, de modo que regresaron a la Sala de Juntas con todo el material necesario para organizar una fiesta en el jardín, además de comida, don Quinto D se trajo su acordeón y varias botellas de ron y güisqui. Doñas Primero B ambas dos se negaron a probar una tapita de jamón mientras tuvieran el Sagrado Rosario entre las manos, pero doñas Quintos C y D, alegando que es que a ellas los nervios les da mucho hambre, abandonaron el sacro círculo para sumarse a la fiesta.

-...Por los siglos de los siglos, Amén. Cuarto Misterio, la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, ... Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué hermoso es estarnos aquí! Si quieres, haré tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»... Padre nuestro que estás en los cielos... -dijo doña Primero B.
-Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino... -Contestó doña Sonotone Primero B.

“De verdad, qué bien estamos aquí”, pensó Pelirroja Cuarto A que, cuando don Quinto D y compañía vinieron con los víveres para la fiesta, le había dicho voluntariosamente a doña Tercero D que saliera al jardín a divertirse, que ella la relevaría, y desde entonces no se había movido del borde de la mesa de joven ático, cosa que doñas Primero B habían elogiado de la joven entre misterio y misterio, mírala la chiquilla, qué devoción mariana, qué acompañar a los enfermos, y eso que sus amigas han salido al jardín nada más escuchar el acordeón, y ahí estarán bailando tangos con todos los hombres casados de la Comunidad y bebiendo como pecadoras, que la Magdalena las guíe, amén. Sin embargo, ironías de la vida, un don Cuarto C inusualmente zalamero por efecto de los vapores etílicos, entró en ese momento en la Sala de Juntas con una Cuarto A en cada brazo, y con monerías y carantoñas supo ganarse a doñas Primero B para que los acompañaran al jardín, “Vamos, que no decaiga la fiesta, que me ha dicho un pajarito que usted bailaba muy bien en sus tiempos mozos, doña Florita, enseñe a las niñas a bailar pasodobles, por caridad cristiana, que ahora mismo me llevo yo la hamaca de doña Encarnita para que tome el fresquito ahí fuera, venga, una lagrimita de Patxarán, que ya verán que bueno está, y dejen a la Virgen descansar un rato, que ya es muy tarde, y si hay réplica y nos quedamos sin casas, ya responderá la constructora”. En menos de diez minutos doña Sonotone Primero B, patxarán en mano, cantaba jaleada por las niñas Cuarto A con su hilillo de voz que a ella se la podía besar en la mano o se la podía dar un beso de hermano, pero que un beso de amor no se lo daba a cualquiera, mientras doña Primera B, uy qué sofoco, don Ramón, a mi edad, y don Cuarto C, ole, doña Florita, vivan las mujeres con gracia, les enseñaban a las chicas Cuarto A a bailar pasodobles. La alegría y el ron corrían a raudales, y claro, Rafa, pichurri, qué valiente eres, ven que te diga una cosita. Ay, Manolo, qué bien tocas el acordeón, Manolo. Doña Juanita, qué hermosura el destello de sus ojos con la luz de esta luna. Elena, necesito un masaje en la espalda. Antonio, quiero verte con el tricornio, no lo habrás echado en la mochila, ¿no?. Cómo te sienta el rojo, chata, mientras que en la Sala de Juntas:

-Matías, tío, tengo que decirte una cosa, que me gustas. Mucho, tío.
-Qué fuerte, tía, Cristina. Tú también a mi, tía. Cristina, tía, ¿y si nos vamos detrás de un seto y me clavas las uñas en la espalda?
-Guay, tío.

Ático dio un salto de la mesa y corrió con Pelirroja Cuarto A a los jardines de la Comunidad en busca de un seto, tarea que resultó imposible porque todos los setos estaban ocupados por Quinto A con Quinto A, Tercero C con Tercero D, Primero C con Primero C, Segundo A con Segundo A, Quinto D con Quinto D y Quinto C con Quinto B, de modo que no les quedó más remedio que parapetarse en medio del césped debajo de la manta térmica, la cual estuvo crepitando y brillando escandalosamente bajo la luz de la luna durante lo que quedó de noche.

Fue al alba y “en plena bacanal”, como le gusta referir a don Quinto B, “cuando los espíritus de Dionisos y Cupido campaban a sus anchas por los jardines de la Comunidad, cuando Gea y Hades se confabularon y nos enviaron, pobres mortales, la tan temida réplica: primero un ruido profundo que venía de las mismísimas entrañas de la tierra, después el espantoso temblor y por último la caída estrepitosa del Edificio Generalife”.

-¡Pa habernos matao! -exclamó don Quinto D levantando la cabeza por encima de las piernas de doña Quinto D.

15 comentarios:

juanba dijo...

Esta gente del Edificio Generalife sí que se tomaron en serio eso de "que no cunda el pánico" en caso de emergencia, y parece que lo que cundió al final fue el alcohol... ¡Qué fuerte!¡Esas sí que son fiestas tía!

(Al final valió la pena esperar el final)

Salutes

Aquende dijo...

¡Chapeau!

Nada que replicar.

chin dijo...

Sabía que me iba a sorprender. Lo esperaba con deseo además.
Deseo satisfecho.

ana dijo...

Ohhhhh, gracias!!! Me hacen muy feliz vuestros comentarios porque para mi este relato siempre será el que escribí para vosotros, si no llega a ser por vosotros no lo hubiera acabado jamás, gracias Juanba, por pedirme que no los matara, ahora me alegro, al final les tomé tanto cariño, pero te aseguro que jamás escribiré un cuento con tantos personajes, y Aquende, por decirme que iba por buen camino cuando leíste el último borrador, y Chin por aparcar tu apatía por un rato y también por decirme que qué coño, que escriba yo, que a ti te van más los pinceles, y Allende, por ser tan pesado y recordarme tantas veces que lo tenía pendiente, y a todos, muchas gracias, de verdad.

juanba dijo...

Muchas de nada tía, ay qué fuerte todo esto, tía, ¡qué fuerte!

Eduardo dijo...

Fantástico. Sólo echo de manos la dirección exacta del edificio Generalife para poder hacer una visita a todos estos personajes que ya son como de la familia.
Mereció la pena insistir (y, para tu desgracia, seguiremos insistiendo).

ana dijo...

Eduardo, me queda la pena de no haber sido capaz de incorporar al Lejías y Cía., pero es que no sabes lo duro que ha sido mantenerlos a raya y lo rebeldes que llegaban a ponerse por momentos. No te creas que los voy a desaprovechar.
En cuanto a lo de seguir insistiendo, tú eres es que más pesadas cargas me generabas en la conciencia por tener este relato abandonado, terminarlo ha sido como quitarme un tremendo peso de encima.

Eduardo dijo...

¿A qué ahora te sientes mejor? Hay sacarse toda esa morralla que llavamos encima, que si se queda dentro se pudre.
P.S. Yo me deshice del Lejía y Cía. regalándotelos, pero no me ofendería que hicieras tú lo mismo si encuentras un primo por ahí (véase 'La memoria de Shakespeare' de don Jorge Luis).

ana dijo...

Gracias, Eduardo, eres un encanto, si no te conociera pensaría que has calificado mis escritos como "morralla" y me has llamado "prima" todo eso en ocho líneas, pero claro, eso sería si no te conociera.

Eduardo dijo...

Morralla no, pero prima un poquito (y siempre con cariño). Mira que aceptar al Lejía.

Eduardo dijo...

Pero que quede claro: creo que eres una magnífica escritora que merece que sigamos presionando todo lo que haga falta.

ana dijo...

Ay, qué aburrido te pones, yo sólo quería jugar un rato a que te ponía como un trapo encantadoramente, pero me has cortado el rollo.

Eduardo dijo...

Será la hora. O la cerveza. O que tengo a un grumete a antibióticos. O que se acerca San Juan. O que se aleja San Luis. O todo junto.

ana dijo...

Vaya, hijo. Bueno, si es por eso, sobre todo por el grumetillo.

Anónimo dijo...

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