La empleada del mes
La primera vez fue sólo un experiencia divertida, un incidente que convirtió una tarde aburrida en una tarde extraordinaria. Pero ahora, se ha transformado en una necesidad que va más allá de lo personal, aunque lo peor de todo es la responsabilidad que ha adquirido, de hecho, le ha llegado el rumor de que quieren convertirla en la empleada del mes y anda un poco preocupada por si tiene que afrontar algún tipo de consecuencia de carácter legal.
Todo empezó cuando escurrió el bulto, o, mejor decir, el carro, y le endosó a Nico la cola de la verdulería con la excusa de que iba a por el pan rallado, pero la verdad es que iba a la Sección de Discos, y cuando pasaba por Librería, se le acercó una señora y le dijo:
-Disculpe, señorita, ¿no tendrían una guía como ésta, pero que en vez de ser Guía turística de Granada, fuera solamente de Las Alpujarras?
Es verdad que iba a decirle que no trabajaba allí, y se volvió ligeramente para señalarle dónde había una señorita a la que poder preguntar, y vio que la señorita llevaba su camisa blanca con rayitas rojas y sus pantalones negros, y entonces comprendió por qué la señora se había confundido, pero cuando miró a la señora que continuaba esperando, con esa cara que pone la gente cuando le da un poco de vergüenza preguntar y trata de mostrarse educada y espera haber dicho lo adecuado, y sintió que ella y su camisa y sus pantalones negros eran la causa de que la señora esperara pacientemente su respuesta y de que estuviera un poco ruborizada y mirándola con suma atención, contestó:
-Pues no, pero las hemos tenido. Precisamente le he vendido la última esta mañana a un finlandés. Sin embargo, permítame aconsejarle otra cosa, porque claro, usted es de aquí, ¿verdad?, y digo yo, si es usted de Granada, ¿por qué no visita otros sitios?, La Alpujarra decididamente no, vamos a mirar otra cosa, que esa carretera, con tanta curva, a ver, mire, ésta, ésta es la que tiene que llevarse, la Guía de Albacete, más de dos mil quinientas imágenes, los mejores textos con índice temático, gastronomía, itinerarios y planos con grandes edificios y monumentos, sí, usted va a visitar Albacete, he leído, y no se lo puede perder, que la travesía Balazote-Albacete es mágica, y seguro que sus sentidos se lo agradecerán, huya de tanta verticalidad que tiene esta Granada y cambie de aires, sumérjase en la horizontalidad llana de La Mancha. Hala, no se hable más, a Albacete.
La señora, absolutamente convencida, pasó por caja con la Guía de Albacete. Y entonces, quedó fascinada por el poder que le conferían esa camisa y esos pantalones, y no pudo resistir la tentación de darse una vuelta por Moda de Señora en vez de volver a la cola de la verdulería. Allí se reafirmó el poder de su uniforme falso, dos señoras forcejeaban con un jersey, en una lucha briosa y acalorada, hasta que impuso una pregunta:
-A ver, ¿qué pasa aquí?
En cuanto las señoras vieron su uniforme, recobraron la compostura, y una de ellas, lloriqueó azorada:
-Yo lo vi primero, señorita, y vino ella y me lo quitó.
-Bueno, bueno, no vamos a buscar culpables -repuso haciéndose con el jersey, que era realmente mono- ¡Uy!, pues no va a poder ser para ninguna de las dos, porque tiene una tara, pero vuelvan mañana, que ya me ocupo yo de que el Jefe de Sección haya repuesto todas las perchas.
Huyó con el jersey hacia la verdulería, por donde pasó fugazmente haciendo canasta en el carro de Nico mientras le guiñó y le dijo:
-¡Voy a por el pan rallado!
Pero tampoco entonces fue a por el pan rallado, sino que volvió a los discos, y allí se encontró con un trío de adolescentes con el último disco de Bisbal en las manos, y no pudo soportar semejante atrocidad, así que fue a por ellas.
-Pues justamente venía a llevármelos todos, porque me acaban de llamar de Almacén Central para informarme de que no se oye ninguno, y de que hemos recibido numerosas quejas de nuestros clientes porque han salido todos defectuosos, por lo visto un fallo técnico en los estudios de grabación, y sólo se oyen bien los temas que ponen en la radio, que es un previo que hicieron, bueno, esos y una primera tirada muy limitada del previo que ya se ha agotado del todo y que a lo mejor la habéis escuchado en casa de algún amigo, pero en estos momentos no lo compréis, porque los que están ahora en el mercado no se oyen y una vez que hayáis roto el precinto del envoltorio, no os devolverán el dinero. Sin embargo, y porque me ponéis estas caritas, os voy a vender lo último, el grupo revelación del año, que mirad, sólo quedan tres, uno para cada una, se llaman Beatles y están empezando, ya vendréis a agradecérmelo cuando los escuchéis en todas partes.
Las niñas no sólo no se atrevieron a rechistar, sino que se fueron contentas con su compra, y ella traspuso hasta Atención al Cliente con todos los cedés de Bisbal, y no pasó nada cuando pasó por un detector que empezó a pitar, porque cuando la vieron cargada de discos diciendo “No pasa nada, no pasa nada, soy yo, soy yo”, los de seguridad no dudaron de que era alguien, y de que no pasaba nada, y tampoco pasó nada porque les dijera a los de Atención al Cliente que devolvieran todos aquellos discos defectuosos, órdenes de Almacén Central, y que le dijeran al Jefe de Compras que quintuplicara el pedido de los Beatles, que estaban agotados, y que a ver si se ponía las pilas el de la Sección de Discos, porque aquello estaba hecho un desastre.
La actividad fue frenética durante toda la tarde: organizar las colas de los cajeros, formadas como Dios quería, y asegurarse de que se abría un pasillo en cada una de ellas para la fácil circulación de carros y transeúntes; mostrarle a las cajeras el desperdicio de bolsas por minuto, cuando la mayoría de las compras cabían perfectamente en una sola bolsa, dos a lo sumo; comunicar por megafonía que quedaba absolutamente prohibido a todo el que fuera maquillado probarse camisas, jerséis o camisetas blancos, que ya estaba bien de tanto cuello manchado, y que igualmente estaba prohibido hacer uso abusivo de los probadores de perfumes, que no estaban allí para que los señores clientes fueran a perfumarse, y dindondín otra vez para informar al señor Nico de que están rallando el pan, que no se preocupe; hacer que regaran las plantas en la Sección de Jardinería, ordenar que buscaran algunos pies izquierdos en la de Zapatería, o que limpiaran el polvo de algunas cristalerías en la de Menaje y Hogar, etc.
Tan grandes eran la aprobación y el asentimiento que cada una de sus órdenes provocaban, que tuvo que pedir que le proporcionaran unos patines para recorrer el hipermercado y estar lo antes posible donde pudieran necesitarla.
Percibía en su deslizamiento por los largos pasillos del Centro que todos, empleados y clientes por igual, la miraban con respeto y se detenían por un instante esperando algún consejo, indicación u orden, e incluso que algunos de ellos anhelaban tener la fortuna de que ella se parara para mostrarles cuál era la mejor manera de proceder en ese caso mientras admiraban la pulcritud de su uniforme falso y suspiraban por tan solo poder rozarlo. Y era tanto lo que quedaba por hacer y lo que se podía mejorar en aquel universo de universos bellamente jerarquizado en secciones y departamentos, que no iba a quedar más remedio que volver mañana para asegurarse de que todo estaba como tenía que estar.
Todo empezó cuando escurrió el bulto, o, mejor decir, el carro, y le endosó a Nico la cola de la verdulería con la excusa de que iba a por el pan rallado, pero la verdad es que iba a la Sección de Discos, y cuando pasaba por Librería, se le acercó una señora y le dijo:
-Disculpe, señorita, ¿no tendrían una guía como ésta, pero que en vez de ser Guía turística de Granada, fuera solamente de Las Alpujarras?
Es verdad que iba a decirle que no trabajaba allí, y se volvió ligeramente para señalarle dónde había una señorita a la que poder preguntar, y vio que la señorita llevaba su camisa blanca con rayitas rojas y sus pantalones negros, y entonces comprendió por qué la señora se había confundido, pero cuando miró a la señora que continuaba esperando, con esa cara que pone la gente cuando le da un poco de vergüenza preguntar y trata de mostrarse educada y espera haber dicho lo adecuado, y sintió que ella y su camisa y sus pantalones negros eran la causa de que la señora esperara pacientemente su respuesta y de que estuviera un poco ruborizada y mirándola con suma atención, contestó:
-Pues no, pero las hemos tenido. Precisamente le he vendido la última esta mañana a un finlandés. Sin embargo, permítame aconsejarle otra cosa, porque claro, usted es de aquí, ¿verdad?, y digo yo, si es usted de Granada, ¿por qué no visita otros sitios?, La Alpujarra decididamente no, vamos a mirar otra cosa, que esa carretera, con tanta curva, a ver, mire, ésta, ésta es la que tiene que llevarse, la Guía de Albacete, más de dos mil quinientas imágenes, los mejores textos con índice temático, gastronomía, itinerarios y planos con grandes edificios y monumentos, sí, usted va a visitar Albacete, he leído, y no se lo puede perder, que la travesía Balazote-Albacete es mágica, y seguro que sus sentidos se lo agradecerán, huya de tanta verticalidad que tiene esta Granada y cambie de aires, sumérjase en la horizontalidad llana de La Mancha. Hala, no se hable más, a Albacete.
La señora, absolutamente convencida, pasó por caja con la Guía de Albacete. Y entonces, quedó fascinada por el poder que le conferían esa camisa y esos pantalones, y no pudo resistir la tentación de darse una vuelta por Moda de Señora en vez de volver a la cola de la verdulería. Allí se reafirmó el poder de su uniforme falso, dos señoras forcejeaban con un jersey, en una lucha briosa y acalorada, hasta que impuso una pregunta:
-A ver, ¿qué pasa aquí?
En cuanto las señoras vieron su uniforme, recobraron la compostura, y una de ellas, lloriqueó azorada:
-Yo lo vi primero, señorita, y vino ella y me lo quitó.
-Bueno, bueno, no vamos a buscar culpables -repuso haciéndose con el jersey, que era realmente mono- ¡Uy!, pues no va a poder ser para ninguna de las dos, porque tiene una tara, pero vuelvan mañana, que ya me ocupo yo de que el Jefe de Sección haya repuesto todas las perchas.
Huyó con el jersey hacia la verdulería, por donde pasó fugazmente haciendo canasta en el carro de Nico mientras le guiñó y le dijo:
-¡Voy a por el pan rallado!
Pero tampoco entonces fue a por el pan rallado, sino que volvió a los discos, y allí se encontró con un trío de adolescentes con el último disco de Bisbal en las manos, y no pudo soportar semejante atrocidad, así que fue a por ellas.
-Pues justamente venía a llevármelos todos, porque me acaban de llamar de Almacén Central para informarme de que no se oye ninguno, y de que hemos recibido numerosas quejas de nuestros clientes porque han salido todos defectuosos, por lo visto un fallo técnico en los estudios de grabación, y sólo se oyen bien los temas que ponen en la radio, que es un previo que hicieron, bueno, esos y una primera tirada muy limitada del previo que ya se ha agotado del todo y que a lo mejor la habéis escuchado en casa de algún amigo, pero en estos momentos no lo compréis, porque los que están ahora en el mercado no se oyen y una vez que hayáis roto el precinto del envoltorio, no os devolverán el dinero. Sin embargo, y porque me ponéis estas caritas, os voy a vender lo último, el grupo revelación del año, que mirad, sólo quedan tres, uno para cada una, se llaman Beatles y están empezando, ya vendréis a agradecérmelo cuando los escuchéis en todas partes.
Las niñas no sólo no se atrevieron a rechistar, sino que se fueron contentas con su compra, y ella traspuso hasta Atención al Cliente con todos los cedés de Bisbal, y no pasó nada cuando pasó por un detector que empezó a pitar, porque cuando la vieron cargada de discos diciendo “No pasa nada, no pasa nada, soy yo, soy yo”, los de seguridad no dudaron de que era alguien, y de que no pasaba nada, y tampoco pasó nada porque les dijera a los de Atención al Cliente que devolvieran todos aquellos discos defectuosos, órdenes de Almacén Central, y que le dijeran al Jefe de Compras que quintuplicara el pedido de los Beatles, que estaban agotados, y que a ver si se ponía las pilas el de la Sección de Discos, porque aquello estaba hecho un desastre.
La actividad fue frenética durante toda la tarde: organizar las colas de los cajeros, formadas como Dios quería, y asegurarse de que se abría un pasillo en cada una de ellas para la fácil circulación de carros y transeúntes; mostrarle a las cajeras el desperdicio de bolsas por minuto, cuando la mayoría de las compras cabían perfectamente en una sola bolsa, dos a lo sumo; comunicar por megafonía que quedaba absolutamente prohibido a todo el que fuera maquillado probarse camisas, jerséis o camisetas blancos, que ya estaba bien de tanto cuello manchado, y que igualmente estaba prohibido hacer uso abusivo de los probadores de perfumes, que no estaban allí para que los señores clientes fueran a perfumarse, y dindondín otra vez para informar al señor Nico de que están rallando el pan, que no se preocupe; hacer que regaran las plantas en la Sección de Jardinería, ordenar que buscaran algunos pies izquierdos en la de Zapatería, o que limpiaran el polvo de algunas cristalerías en la de Menaje y Hogar, etc.
Tan grandes eran la aprobación y el asentimiento que cada una de sus órdenes provocaban, que tuvo que pedir que le proporcionaran unos patines para recorrer el hipermercado y estar lo antes posible donde pudieran necesitarla.
Percibía en su deslizamiento por los largos pasillos del Centro que todos, empleados y clientes por igual, la miraban con respeto y se detenían por un instante esperando algún consejo, indicación u orden, e incluso que algunos de ellos anhelaban tener la fortuna de que ella se parara para mostrarles cuál era la mejor manera de proceder en ese caso mientras admiraban la pulcritud de su uniforme falso y suspiraban por tan solo poder rozarlo. Y era tanto lo que quedaba por hacer y lo que se podía mejorar en aquel universo de universos bellamente jerarquizado en secciones y departamentos, que no iba a quedar más remedio que volver mañana para asegurarse de que todo estaba como tenía que estar.

8 comentarios:
¡Fantástico!
Muy original, me encantó.
(Qué envidia) ;)
Si ayer me alegraba de haberte animado a publicar algo hoy me felicito doblemente. Un relato magnífico. No sé si llamarlo 'realismo mágico' o 'literatura fantástica' (recordando mis propias visitas a los grandes almacenes).
Después de esto, me comprometo a 'animarte' a diario para deleite de todos.
Gracias, Martín y Eduardo!
Gracias, Martín y Eduardo!
Gracias a ti (y más ánimos para escribir más).
Sin ánimo de presionar, ahí van los ánimos de hoy.
Saludos.
jajajaja!!! Ya he puesto otro!: "El contenedor rojo". (Gracias por los ánimos)
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