17 de febrero de 2005

El Contenedor Rojo


Paradójicamente, este barrio iba camino de ser el mejor en lo que a salud mental se refiere.
Los de Ayuntamiento colocaron junto a los contenedores de reciclado aquel otro contenedor rojo después del verano y nos explicaron que se trataba de un programa piloto, si tenía éxito, a principios de año pondrían más por toda la ciudad.
Ya el contenedor en sí fue objeto de numerosas críticas. No soy incapaz de entenderlo, dos metros por dos metros de chapa en forma de corazón rojo pasión no deja impasible a nadie. Alfonso, cuyo carácter prosaico, escéptico y pesimista nunca impidió que fueramos amigos, exclamó la primera vez que lo vio que se había equivocado de autobús, había tomado el del “What a wonderful world”. De todos modos, a pesar de que Alfonso es más agrio que un limón, no se perdió ni un viernes la fiesta del camión de reciclado, en la que siempre participó de buena gana, y si bien nunca exhaló su ira en las bolsas de reciclaje, estoy seguro de que no le desagradaba ver la ira de los vecinos más confiados manufacturada en forma de confeti de colores los viernes por la noche, saliendo por la chimenea de camión. Incluso una vez hasta llegó a comentarme que daba gusto ver ahora al cartero tan de buen humor, regalando los buenos días desde su moto amarilla.
Particularmente pienso que si todo el mundo hubiera seguido sin miedo las indicaciones de los del Ayuntamiento, no sólo no se hubiera producido ninguna alteración, sino que hoy seríamos mucho más felices. El problema fue que no faltó quien escuchara al primer marisabidillo que dijo que lo que soplábamos los tontos que soplábamos por la boquilla a la bolsita de papel no era ira, sino dióxido de carbono, y que el rótulo del contenedor era una tomadura de pelo que atentaba contra los principios de la ciencia y la inteligencia y dignidad del hombre. Este tipo de comentarios eran los que corrían entonces por el barrio, y una mañana, los que confiábamos en la idea del Ayuntamiento, vimos con horror que habían tachado del contenedor la palabra Ira y habían escrito encima Dióxido de Carbono, y tuvimos que salir corriendo a casa a soplar, porque todos sentimos una gran indignación cuando leímos “Deposite aquí su Dióxido de Carbono”.
Nos habían declarado la guerra, estaban dispuestos a hacer lo que fuera para retirarnos el contenedor y las bolsas de papel, restituir la seriedad del barrio, deseaban volver a ver a todo el mundo como antes, enfadado cuando había que estar enfadado, pero como los que depositábamos nuestra ira en el contenedor éramos incapaces de responder debidamente a sus provocaciones, el último viernes, durante el reciclado, en pleno lanzamiento de la ira local en forma de confeti, la emprendieron a golpes con el contenedor hasta derribarlo y asaltaron las casas de todos los vecinos para incautarles las bolsas con las que hicieron una gran pira en la avenida principal. Por último, desguazaron el camión, destruyendo así toda posibilidad de que pudiéramos seguir con el programa piloto.
El lunes siguiente hubo un pleno extraordinario en el Ayuntamiento. Aquella sesión fue un espectáculo vergonzoso. Los que pedíamos que nos pusieran otro contenedor parecíamos bulldogs entrenados para matar, ladrando un alegato pacifista contra los malos modos en términos agresivos, feroces y sanguinarios, y, tomando al alcalde por las solapas de la chaqueta, le exigimos que nos suministrara bolsas para soplar nuestro odio.
El titular del diario del martes informaba de que “La rápida intervención de la policía local impide el linchamiento del primer edil por un grupo de ciudadanos pacifistas”.

11 comentarios:

Eduardo Allende dijo...

Encantado de que mis ánimos den sus frutos. ¿Cuantas lecturas tiene este cuento?

Eduardo Allende dijo...

Ah, y un detallito sin importancia.
Te han cambiado la URL de la foto. Debes actualizar la plantilla. La nueva ruta es:
http://www.aunaocio.com/personal/2/0/lucem/imagenes/album/epi_mini.jpg

ana dijo...

Ah!, gracias! ahora sólo me falta saber qué es lo que tengo que hacer, que siempre es más fácil que me lo haga mi hermana, que ya sabe. En fin, yo para esto...
La niña de la foto es mi querida Lucía, a quien dedico el blog, el chico que está a su lado se llama Epi.
El cuento lo puedes leer como quieras, yo creo que el lector aporta más a las historias desde sus vivencias que el que lo escribe. Pero creo que sé a lo que te refieres, y yo le encuentro al menos tres lecturas.

Eduardo Allende dijo...

Coincidimos en el número de lecturas.
Con lo de la foto tampoco soy yo el más indicado para darte consejos. Siempre imaginé que Lucía era la de la foto.

Borgeano dijo...

Soberbio ana, al igual que el anterior (quise dejar un comentario alli pero me fue imposible). Espero que esto se torne una buena costumbre.

un ermitaño sociable dijo...

Este relato lo conozco de otro lado... ¿de "el taller" quizás?
Me gustó en su momento y me sigue gustando.
¡Saludos!

Eduardo Allende dijo...

Bien por Ana. ¡Consiguió poner la foto! ¡Felicidades!

Kill -9 dijo...

Eduardo buena recomendación :)

Ana, me ha encantado tu blog, te "linkeo" en el mio. :)

Eduardo Allende dijo...

Las gracias a Ana, Kill-9 (y no llevo comisión, lo juro).

ana dijo...

Gracias a todos por los comentarios. A mi también me gustaría linkearos, pero no sé cómo se hace! Si alguien me lo explica, lo hago.
Saludos

un ermitaño sociable dijo...

Tu blog también se ganó un espacio en mis recomendaciones. Saludos.