27 de febrero de 2005

The dock of the bay


Sitting on the dock of the bay, wasting time, con una caña de pescar entre las manos, sitting here resting my bones, and this loneliness won’t leave me alone, y sin ninguna otra cosa que hacer que silbar aquel viejo éxito del soul, como hacía Perey Sledge al final del disco, porque picar no iban a picar, como de costumbre.

A veces, echa tanto de menos a la gente, que no le queda otra que irse a la soledad del muelle porque no soporta ninguna compañía. Afortunadamente, eso no ocurre muy a menudo, normalmente, suele ser bastante con “cariño, te hacen falta calcetines” o “cómo va la liga, tío”, pero algunos días, eso es insuficiente, y tiene que hacer como que va a pescar. Y también tiene que aguantarse a sí mismo, y odiarse y sentir culpa y vergüenza por ser tan raro y tan desagradecido, y luego remontarse, y escucharse decir que no hay nada malo en anhelar algo más, e incluso llegar a sentir un poco de autocompasión, lo que lo lleva a sentirse solo e incomprendido, y de nuevo a odiarse por acumular tanta basura emocional, y volverse a remontar, porque hay que encontrar la manera de hacer una pira con toda esa basura, con todos esos pensamientos, siempre la misma basura y la misma canción, y luego la impotencia de sentirse atascado, y la sensación de haber perdido mucho tiempo, un tiempo que tenía que haber compartido con alguien, con todos, o haciendo otras cosas, porque alguien ha dicho que ser es hacer, y está ese tío, un tal Padre Opeka, que se fue a Madagascar y levantó una ciudad en un vertedero, y eso es hacer algo con la vida y con la basura, y no tanta lucha en una oficina, tanta lucha por los intereses de otros, que son otros otros y que no deberían de ser los beneficiarios de su lucha, porque si tuviera vergüenza, no haría nada, y no volvería a abrir más la boca, porque es una capullada, si te pones a pensarlo, todo lo que hacemos y lo que decimos desde que nos suena el despertador hasta que nos volvemos a dormir. Y llegados a este punto, no le queda otro remedio que tirar la caña al agua y que inventarse otra excusa, porque ya es la tercera caña malograda en lo que va de año, y, mientras, lo mejor será quedarse allí, sitting in the morning sun, y seguir sitting when the evening comes.


4 comentarios:

un ermitaño sociable dijo...

Caramba. Qué sorpresa que me estoy llevando con vos ana.
Este blog sí que vale la pena.

Te saludo con cariño (y por qué no, con un poco de saludable envidia)

Eduardo Allende dijo...

Idem de idem.

ana dijo...

Gracias a los dos por visitarme.

Eduardo Allende dijo...

Gracias a ti por recibirnos.