23 de febrero de 2005

AGORAFOBIA


Fue pasado Balazote cuando me venció el sueño. Desde niña me ocurre y no lo puedo evitar. Jorge opina que me da sueño con sólo ver el coche y se irrita bastante, porque no le doy conversación, no cambio los compacts, no despliego el mapa de carreteras. A pesar de Jorge, no pude evitarlo, el calorcito de la calefacción, la música, la monotonía del paisaje, la marcha sobre aquella carretera recta e interminable que penetraba el horizonte.

Cuando desperté, todo estaba igual, cielo sobre tierra, el mismo horizonte, el mismo azul, el mismo pardo homogéneo, seguíamos deslizándonos a través de un inmenso espacio abierto horizontal, plano, invariable, por aquella carretera infinita.

-Quiero un café, Jorge.
-¿Para qué? ¿Para no quedarte dormida?, pobrecita, sólo ha dormido una hora y media.
-Pues yo necesito un café. O árboles, montañas, curvas, pastores, ovejas, más coches, casas. Un área de servicio, sólo una. O Albacete. ¿De verdad he dormido una hora y media? ¿Cuánto falta?.
-Ni idea, esto parece no tener fin. Y no me digas que te estás meando. Anda, sigue durmiendo.
-Qué agrio te pones.

Pensé que parecía un mar de tierra y que sería bonito mirar tanta tierra si al menos tuviera olas en vez de torretas, otra torreta, otra, otra. Creo que no pensé más. Tanta nada acababa abstrayendo el pensamiento, eliminando la noción del tiempo y del espacio. Fue mi vejiga lo que me arrancó de la contemplación y me devolvió al coche y lo detuvo.

Jorge no quiso bajarse. Aproveché para fumarme un cigarro y él para poner a Bruce Springsteen a toda pastilla. Estaba dando saltos en su asiento cuando, lívida, le aporreé la ventanilla. De un salto se plantó en la carretera buscando al asesino.

-¿Qué es? ¿Qué es?
-¡Las torretas! ¿Dónde están las torretas?
-¿Qué torretas?
-No sé, esas antenas gigantes. ¡Había muchas y sólo veo esa!
-Madre mía, qué susto me has dado. Eres una inmadura emocional, no sé por qué te hago caso cuando gritas. Me va a dar un infarto.
-¡Tendrían que verse desde cualquier parte, aquí no hay nada que impida que se vean las torretas!
-¡Sólo hay esa torreta!, ¡sólo has visto esa!, ¡las torretas no salen corriendo del campo, por el amor de Dios!, ¿podemos irnos ya a ver si llegamos a Albacete de una puñetera vez?.

“Sólo una, sólo has visto esa”, la voz de Jorge seguía sonando en mi cabeza. Entonces comprendí.

Corrí hacia la torreta ante el asombro de Jorge, sin pensar lo lejos que estaba. Cuando llegué, me quité mi bufanda roja, se la até, y volví a la carretera. Me negué a explicarle nada, era mejor que lo viera con sus propios ojos.

-¡Arranca! -le grité.

Un minuto y varios cientos de metros en paranoica línea recta nos devolvió la imagen de la torreta con la bufanda roja culebreando el viento.

-¿Qué coño es esto?
-Estamos atrapados en un kilómetro, estamos dando vueltas -sentencié.
-¿Dando qué? ¿Vueltas sin curvas?
-Sí.

A Jorge le dio un ataque de risa nerviosa, se reía con todas las vocales, resopló, me cogió del brazo, y empezó a zarandearme, apuntó con su índice a la torreta y dijo:

-¡Mira, mira, Albacete! ¡Ya estamos en Albacete!

Fue pasado Balazote cuando me venció el sueño. Desperté en Albacete.

10 comentarios:

Eduardo Allende dijo...

Ahora entiendo que le recomendaras a aquella señora que buscaba una guía de las Alpujarras la travesía Bazalote Albacete.
Resumen: Me gusta mucho, corsaria.
Estilo: Felicidades por esta frase: 'Fue mi vejiga lo que me arrancó de la contemplación y me devolvió al coche y lo detuvo'. Es magnífica.
Ciencia: Las vueltas 'sin curvas' son posibles si la curvatura se produce en otra dimensión.
Intriga: ¿Por qué la bufanda es roja y no verde?

ana dijo...

Pues lo pensé, lo pensé, pero no sabía si ponerla verde chillón, verde como el trigo verde, verde limón, verde aceituna, verde moco galáctico, verde como la albahaca, verde militar, verde esperanza o verde blandi-blus.
Entonces visualicé claro una bufanda roja culebreando el viento, y la puse roja.

Eduardo Allende dijo...

Vaya, qué rápido se acabó la intriga. Y yo que pensaba que tenía que ver con el color del coche.

ana dijo...

Me tienes intrigadísima. Y por qué? Qué era lo que pensabas?
No sé qué líos te traes con los colores de las cosas.

Eduardo Allende dijo...

Mujer, no es tabto por el color como por si la carretera tenía o no dos carriles. Ya me entiendes.

ana dijo...

Y si hubiera puesto una bufanda verde ya sabrías cuántos carriles tiene la carretera? No te entiendo! de verdad, no es por vacilarte es que no te entiendo aunque me digas "ya me entiendes". A ver, explica, explica que me sigues teniendo intrigadísima.
Por cierto, no conozco esa carretera, nunca he estado en Bazalote, así que no te puedo decir cuántos carriles tienes, como ves, por tanto, lo de la bufanda roja no lo puse con la intencionalidad de dar pistas sobre los carriles.
No es por ná, pero me parece que estamos manteniendo un diálogo entre besugos, jajaja, al menos por lo que a mí respecta. (?????)

Eduardo Allende dijo...

Vaya, me has pillado demasiado rápido. Ya que nos ha dado por los 'diálogos' sólo esperaba comprobar hasta donde podía llegar uno sin sentido. Me he quedado sin sacar el asunto de la cilindrada del coche y alguna que otra cosa siempre adornada con un 'tu ya sabes' por aquí y un guiño cómplice por allá. En fin, que tengo un dia tonto, disculpa.

ana dijo...

Ya te vale, y yo tratando de encontrarle el sentido. Con razón los escritores serios no le hacen ni caso a la crítica. Bueno, si te hubieras enrollado con las cilindradas, habría estado toda la noche sin dormir descifrando el sentido oculto de mi relato, y pensando en lo tonta que soy por no verlo.

un ermitaño sociable dijo...

Parece que los viajes monótonos nos trauman de igual manera.
Yo escribí un cuento en el que un tipo se encontraba también atrapado en un viaje que se volvía más y más largo cada vez que lo hacía, hasta casi volverse infinito.

ana dijo...

Me gustaría mucho leerlo, Martín.