5 de enero de 2005

Perversiones: La moral


Bueno, querida Lucía, hoy te hablaré de los “escandalizados morales”. Más que escandalizados, algunos son “aterrados morales”. Un tipo no poco frecuente de Sapiens que se caracteriza por ir por la vida con las carnes abiertas ante tanta miseria y tanto dolor humanos. Los aterrados morales pueden pasarse horas charlando sobre lo que sería conveniente hacer para arreglar los males del mundo, o “de esta vida”, como suelen decir ellos, esta vida cruel, difícil, llena de peligros y de monstruosidades. Muchos, incluso, dejan entrever que tienen ganas de morirse, que no merece la pena haber venido “a esta vida”, bla, bla, bla, etc., etc., etc...

Son muuuuuy aburridos y nunca pasan a la acción.

Porque te diré una cosa, pequeña Lucía: son muy pocas las personas que realmente entienden el dolor ajeno en su justa medida. Esos pocos dedican su vida a trabajar para que las diferencias entre los distintos Sapiens del planeta sean menores.

A los demás nos importa un huevo el dolor ajeno. ¿Un maremoto en el sudeste asiático?, uy qué pena, hay que ver, lo mala que está la vida, este mundo cruel, ¿quién lo entiende? ¿cómo Dios permite que pasen estas cosas?, bla, bla, bla, etc, etc, etc, y vámonos de cañas al bareto de la esquina.

3 comentarios:

un ermitaño sociable dijo...

Querida Lucía, quiero contarte algo que escribió un señor que se llamaba Friedrich Nietzsche, era un aleman que salía en todas las fotos con cara de c*lo y que decía este tipo de cosas sobre la moral:

"Ante la moral, como ante cualquier autoridad, no está permitido reflexionar, y mucho menos hablar. No hay más que obedecer. Desde que el mundo es mundo, ninguna autoridad ha consentido ser objeto de crítica. ¿Acaso no se ha considerado que es inmoral criticar a la moral, cuestionarla, ver en ella un problema?"

¿Qué quiere decir con eso? Pues que el escandalizarse por algo que es inmoral, es como escandalizarse porque alguien eructe en la mesa. Es decir que los "escandalizados morales" se rasgan las vestiduras ante cualquier violación de una ley superior llamada moral, que ni siquiera conocen en profundidad, pero que aceptan y "respetan", y que además resulta ser totalmente aleatoria y subjetiva.

En conclusión y como diría mi amigo Fredy N., a aquellos que desprecian la vida, debemos ayudarlos a morir.
Solo agregaría que a aquellos que aman la vida, debemos ayudarlos a vivir.

ana dijo...

Lucía te agradece tan magnífico comentario, tito Martín. Dice que ahora entiende mucho mejor lo que le trataba de explicar la tita Ana. Besitos.

un ermitaño sociable dijo...

No, gracias al alemán con cara de cabrón :)